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Palizada, un Pueblo Mágico, impregnado de histórica

Palizada es una de esas poblaciones donde el tiempo se detuvo para bien.  Un lugar donde su gente y sus edificaciones conviven en una armonía que encanta.

Ubicado al suroeste del Estado, este era un antiguo puerto ribereño donde el intercambio comercial con Europa de maderas como el Palo de Tinte o Palo de Campeche lograron darle la fisonomía que hoy admiramos.

Y es que incluso su nombre proviene de esta actividad.  Aun cuando esta región ya era visitada por madereros ingleses desde el siglo XVII, su fundación en 1792 es bajo el nombre de San Joaquín de la Palotada, debido a la cantidad de madera tintórea (Haematoxylum campechianum)  de sus selvas la cual era muy codiciada en Europa por la calidad del colorante extraído de  la misma.

Teja francesa de Marsella, distintivo de los viejos caseríos de Palizada

 Una característica de Palizada es el predominio de teja francesa de Marsella en la mayor parte de los techos de dos aguas en sus edificaciones, lo cual le da una imagen muy atractiva especialmente si llegamos por su rio.  Esta teja llegaba en los barcos como lastre o contrapeso y después era depositada en los muelles para remplazar su carga con las preciadas maderas.  Es así como los habitantes de Palizada emplearon estos materiales para techar sus casas que hoy son la principal característica de su imagen.

Al recorrer sus calles podemos vivir esa inigualable sensación que ofrece la provincia. Podrá saludar al peluquero, al farmacéutico, al quesero, la señora que vende chocolates, en fin, todo un mundo de personajes que aun forman parte de las actividades de la comunidad.

Declarado “Pueblo Mágico” en 2010 por su historia y la belleza de sus atractivos naturales y culturales, es un lugar donde se pueden llevar a cabo diversas actividades.  Se puede caminar por sus calles admirando sus casonas hasta llegar al malecón donde podemos admirar una réplica de la Estatua de la Libertad, otorgada a los paliceños por el valor demostrado en las diferentes luchas en las que el estado participó.  La iglesia de San Joaquín destaca por encima de los techos de teja francesa, y en los meses de agosto se viste de gala para celebrar al santo patrono con diversas actividades artísticas y culturales.

Una visita por el mercado es obligada para tomar su famoso chocolate y después adentrarse al río en una embarcación en busca de los manatíes, o de los saraguatos que se columpian en los árboles de mango; una visita a un rancho ganadero a montar caballo por senderos en la selva o al cocodrilario son también excelentes opciones para disfrutar al máximo este tranquilo pero bello Pueblo Mágico.

 

Fuente: Sectur Campeche.